domingo, mayo 10, 2015

Conjuro





Era verano y nos movíamos muy lento
Quizás era porque hacía un calor infernal
Rozábamos todo con una elegancia impecable
Limpia y aguda
Nos bañábamos intermitentemente
Olíamos a sal todo el día
El calor seguía siendo asfixiante

Nos creíamos náufragos
Hacíamos el amor varias veces al día
Dormíamos poco
Éramos náufragos
Hacíamos tantas cosas cuando hacíamos el amor
Creábamos tantas otras cosas
Hacer el amor era lo menos importante

De todo

lunes, diciembre 29, 2014

To Rectify




First, there was the snow
White, pure and completely virgin
Melting and crawling down your knees

"Watch me coming
while you leave"

Tender was the night after
This sun could kill me now
The snowflakes are gone
They didn't say goodbye
Try to forget them

Now,
Let me tell you this just once:
First, there was the dust.


Nothing has changed here.
Try again later.

miércoles, octubre 01, 2014

Sobre el asesinato de mi gato (breve desarrollo)



Era gordito, así que no se nos ocurrió un nombre que pegara más con su esencia.
Empezamos a llamarlo Gordito.
Muy pronto se acostumbró y parecía que hasta le complaciera dicho nombre. Pero a medida que fueron pasando los meses, el gato fue adelgazando hasta quedarse raquítico.
A la gente dejó de hacerle tanta gracia lo de "Gordito". Nos obligaron a visitarnos con un psicólogo y éste dictaminó: "su gato padece una anorexia nerviosa con tendencia purgativa". Eso quería decir que era anoréxico el 80% del tiempo y el otro 20% restante se metía atracones bestiales y vomitaba a escondidas.
A pesar de todo, queríamos aferrarnos a la idea de que no había sido nuestra culpa.
"Tim, tendríamos que haberlo llamado Tim" lamentaba todos los días Sergio.
"Tim no es nombre de anoréxico".
Este pequeño drama en un piso de 57 m2 fue creciendo, hasta desbordar las discusiones.
A medida que iban pasando los días y las horas, mi preocupación por el minino se agudizaba.

Empecé a desear su muerte.
Así fue como surgió la necesidad de plantearme asesinarlo.
Internet es un sitio increíble para cualquier asesino.

Gracias.

lunes, septiembre 15, 2014

jueves, julio 24, 2014

Día número cuatro



El ascensor me servía para contar los pisos sin el sonido repetitivo de mis jadeos.
Solo podía verlos claramente a la distancia, marcados y definidos. Como si estuvieran envueltos y etiquetados.
No quería pensar demasiado en mis vecinos y en todas las vidas que contenían los cuatro apartamentos por planta. Evitaba las atrocidades que se habían perpetuado a lo largo de todas las vidas de esas personas, juntas y revueltas, como cerdos.
Me moría de ganas de mudarme al lado más oscuro de todo el edificio, donde nadie pudiese irrumpir con sus impertinencias.
Cogía cigarrillos y los consumía pensando que así se quemarían mis problemas, pero lo único que se quemaba eran mis pulmones.
Hallé un rincón en el que murió la parte de mi cuerpo que ya no podía pertenecer más a mi cuerpo.
Lo enterré y no cayó una lágrima. Ni siquiera se asomó.
Ya nadie lamentaría la pérdida de la piel muerta. Que más que una despedida, es un alivio saber que por más que lo intente, nunca podré ser la misma que era cuando era un poco más pequeña.

Ya no estoy lo suficientemente triste como para seguir escribiendo.

El diario más corto del planeta seguramente es el mío.