jueves, marzo 27, 2014

Volcán



Sobre el terreno más suave
Con la guerra en los ojos
Miel en los labios
Cazas mis piernas y mis brazos

Vientos y suspiros 
Gritan desde las montañas
Ojos en blanco
Desaparecen entre la niebla

Pero los rincones secretos
De la Tierra sagrada
Se levantan y elevan
Todas las partículas del alma

Con las cabezas cruzadas
Y los esqueletos en llamas
Sostienes el tridente
Arrastras mi piel palpitante

Tras los rayos y los truenos
Donde por sobrevivir 
No sobrevive ni el rey
Y yo me pregunto

¿A dónde va a parar todo ese polvo?

martes, marzo 04, 2014

Fractura



Me pidió perdón tras cerrar la puerta. No solo por el hecho de cerrarla, sino por no volver a abrirla después.
Me envió un mensaje de texto. Quiso darle más alma a las palabras, alejándolas del whatsapp.
Lo que más le gustaba hacer era cantar. Y cantaba todo lo que se le olvidaba hablar.
Yo sabía muy bien que las letras no se le escapaban de las manos. Le chorreaban por toda la cara.
Sus ojos eran un guiso exquisito de lugares desconocidos. Rincones de los que nunca te podrías enorgullecer.
El portátil era la parte más fría de toda la habitación.
Quiero seguir pensando que el sonido de la puerta era la fractura de todo lo que nunca quisimos, ni buscamos; pero encontramos.

Me pidió perdón tras cerrar la puerta. El silencio no penaliza mis huidas. Y todas las miradas oblicuas y desviadas.
Me regaló un libro titulado "Cómo invocar al demonio".
Se subió por las paredes.
Cantó la última canción y no quedó nada completamente vivo en todo el planeta.

Ahora el viento, herido, se cuela por las rendijas. Los pájaros cantan a aullidos. Los monstruos que nunca encontramos, pero siempre anhelamos, duermen en mi regazo.
Hoy, más que nunca, beso la fractura y deseo poseerla como el recuerdo de nuestro olvido.

miércoles, febrero 19, 2014

Una canción (de amor)



Gracias por tus flatulencias
Majo
Te perdono por mis heridas
Apuesto por la salida
Y
Con besos y abrazos
Me fijo en el espacio
El que nos separa 
Pasos de gigante
Te deseo unas hemorroides fuertes
Unos pedos más simpáticos
Desde aquí te miro
Y
Te cuido
Recojo tus prendas
Las despido
Se reducen a dos cigarrillos
Te bañas en tus propias venas
Ya no quiero
Cuidarte y ofrecerte esto
Atesorarte
Para luego, cariño
Cortarte la cabeza

lunes, diciembre 02, 2013

Contar


Ven, que te cuento.
Te voy a contar que no tengo nada que contar.
Te voy a contar por qué no tengo nada que contar.
Te cuento que por más que lo intento, ya te lo he contado todo.
Cuento las veces y cuento los días.
Posiblemente ya sepas que no hay nada que no esté AQUÍ. 
Seguramente sepas todo lo que significa el silencio de estas palabras.
Palabras que hablan sobre la ausencia de palabras.

Ven, que te cuento.
Te quiero contar cómo cuento cada sonrisa y cada lágrima.
Te quiero contar cómo el enderezarse se consigue con una caída.
Te cuento que cada caída y cada traspié es vital. 
Es vital, si no mueres tras él.
Vuelvo a contar las veces y vuelvo a contar los días.
Causalmente y no casualmente.
Me he propuesto comprimir lo imposible.

Ven, que te cuento.
Te contaré la vida y la muerte.
Te contaré la decepción y la intención de mejorar.
Te contaré algo sobre los cuentos.
Los cuentos que se cuentan y los cuentos que no se cuentan.
Los que se esconden y probablemente no salgan nunca.
Los que tienen una intención y los que se asemejan al ornamento.
¡Qué bello es el ornamento!
¡Qué poco sentido tiene el sentido!
¡Qué bien sienta la contradicción!
Sobretodo cuando me debato entre quererte como una loca y odiarte con todas mis células.
Pero, como siempre, el debate es otro adorno más.
Pasajero.

Ven, que te cuento.
Te cuento que el resultado de ese debate es ridículo.
Te cuento que el resultado de ese debate me da igual.
Te cuento que ese debate me quita y me da la vida.
Te cuento que las palabras que hablan sobre el silencio son las más grandes.
Las que hacen más ruido.
Gritan.
Gritan todo y no callan nada.
Te pido perdón por disfrazar algo tan fácil.
Te pido perdón por comprimir algo enorme.

Y tú, ¿qué te cuentas?

lunes, octubre 21, 2013

Melancolía



Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, (bilis negra).
1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.

Hay algo que me apasiona de la humanidad: su búsqueda incesante del recuerdo. El valor de la memoria, que no puede desembocar en otro océano que la Melancolía.
La mirada larga, lejana y ausente.
La mente en el lugar más recóndito de la mente. Un camino nublado por la lejanía.
Buscamos el recuerdo con ansias. Con dientes, uñas y, más grave aún, con el corazón.
Nos bañamos en la nostalgia, embriagados de la necesidad de sentirnos vivos y palpitantes por la tristeza.
Las fotos, los cuadros, los cuentos, las tradiciones, la música, las fechas, el tiempo y el espacio.
Lo que más me impresiona es la fuerza de las palabras.
Las palabras que nunca se llegaron a articular y, aún así, están grabadas en mis oídos y entrañas. Muy lejos de mi cerebro. Muy lejos de tu boca. Demasiado lejos de este plano.
Tan fuerte es la insistencia del ser humano, necio y desagradecido. Tan altas son sus cañas y tan potentes sus cañones, que el añoro pasa a sustituir el mundo sensorial del presente por otro lleno de fantasía y sinestesia embrujada.
El temblor de mis piernas se desvanece con la imagen de tus manos imponiendo algo que las palabras no pueden describir; porque lo estropearían.
Es posible que las palabras sean mi “cosa” favorita de este planeta. Por eso, justo por eso, mi Melancolía es la peor de todas.
Porque la más ardiente y aniquiladora de las melancolías es la que habita en un alma sin haber nada a lo que se pueda remitir.
Un reflejo en un espejo de algo que nunca llegó a nacer.
La Melancolía que nunca debió existir.
La Melancolía fabricada.
La Melancolía que es un fantasma que me susurra y perturba. Pero que, ante un soplo, desaparece y deja, con fuerza, el ridículo de la ilusión y la trampa.
La Melancolía que conozco.
Y a la que nunca debí presentarme.